“Las transformaciones son difíciles” “Acabar con los venenos, también” “Igual la nueva ética política”

Realizar transformaciones sociales en cualquier país del mundo no es nada sencillo. Lo vemos en nuestro país con el ejercicio de Andrés Manuel López Obrador cuando apenas llevamos 2 años de Gobierno. Si bien se han realizado importantes cambios en beneficio de los pobres de este país, se han mejorado algunas leyes justicieras y se han implementado acciones económicas que impulsan el desarrollo de nuestra nación, la pandemia que se vive en el mundo y particularmente en México, dejó en claro muchos de los defectos de nuestra individualidad, nuestra realidad social y de las dificultades para superarlas.

Digan ustedes si es fácil cambiar los hábitos alimenticios que desde los 70s. y 80s. se empezaron a implementar con el soporte de gobiernos neoliberales y los grandes medios de comunicación masiva. “La chispa de la vida” que impulsa el consumo de la Coca Cola, “a que no puedes comerte solo una”, slogan de empresas transnacionales alimenticias, expendedoras de papitas muy caras por cierto, o la de “¡recuérdame!”, última frase de un anuncio televisivo de Gansitos Marinela, empresa transnacional de Bimbo, o el anuncio de las galletas “Emperador” de la empresa mexicana GAMESA, que después de las tres etiquetas de “venenos” impuestas por el sector salud, de alta en grasas trans, alta en azúcares refinadas y alta en harinas refinadas, se anuncian en televisión, con guapísimas mujeres que las comen con fruición.

No quisiéramos mencionar que los alimentos ricos en azúcares refinadas, harinas refinadas, sales refinadas o grasas trans y saturadas son veneno puro para la salud, pero así es. Muchos de los “alimentos” que se expenden en la mayoría de las cooperativas de las escuelas, tienen esas características y es muy importante que, al retornar a la educación presencial, ahora que la vacuna contra el covid-19 se empieza a aplicar, todos los venenos (refrescos, frituras y pastelitos, entre otros), desaparezcan de la oferta alimenticia en las escuelas. Será una forma de combatir los malos hábitos de los niños y jóvenes, tan difíciles de cambiar.

Tampoco es fácil implementar conductas éticas individuales acordes a un nuevo código en el que el individuo es responsable de conductas durante 36 años asimiladas. No es fácil cambiar; lo decimos por nosotros mismos que recibimos las buenas y malas influencias sociales. Estamos ciertos de que daremos pasos importantes para transformarnos, pero también, seguros estamos de que el cambio de conducta no será de la noche a la mañana.

La ética de conductas relacionadas con la honestidad de no mentir, no robar y no traicionar será muy difícil de implementar en el corto plazo, en virtud de los tiempos en que duraron esas conductas en la praxis mexicana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *